A veces es muy muy fácil no pensar. Pero a la larga, es peor. Qué digo peor, es horrible. Porque todo aquello que no quisiste pensar antes, se acumula. Y la nube se va haciendo grande, grande y más grande. Y así pasa, que al final, llueve. Y no de cualquier manera. Llueve calándote los huesos hasta transpasarlos. Llueve mojándote el pelo, las manos, las sandalias. Llueve hasta que se hacen charcos inmensos a tu alrededor. Llueve y todo el maquillaje se corre a pesar de que en la etiqueta pone watterproof. Llueve y duele. Llueve y escuece. Llueve y quema. Y no sólo porque tienes que pensar qué cojones es lo que está pasando sino porque no entiendes nada. Y allí donde antes había una nube, ahora sale el sol y entonces te preguntas para qué. Por qué sale el sol. Por qué ahora. Por qué a mi. Y te conformas con saber que al menos el sol no te dolerá. Y te acostumbras. Te pones las gafas de sol y caminas. Caminas porque no puedes volar. Y te vas lejos. Lejos del mundo que no entiendes, que no te deja no pensar. Y acabas corriendo. Rápido, todo lo que puedes. Sin haber aprendido nada. Preocupándote de nada concreto, salvo en la nube que tarde o temprano tendrá que volver a descargar.
1 sept 2011
28 jul 2011
Para ellos, que saben quienes son
Ella era una princesa dulce,
dicharachera, musical. Alegre, joven, morena en muchos momentos de su vida,
pelirroja en algún otro e incluso rubia en recuerdos de alguna que otra foto. Divertida, inocente,
risueña, cabezona, rebelde. Le gustaba más el azul que el rosa y no necesitaba
hada madrina. Su carácter estaba lejos de atender a cánones establecidos, y eso precisamente era lo que le daba un toque
tan distinguido, que sólo algunas personas podían ver en ella la sensibilidad
con la que sentía y la rapidez con la que podía entregarse a lo desconocido sin
pedir nada a cambio.
Aprendía rápido y lejos de dejarse
hundir, siempre salía a flote cada vez más fuerte. Porque era fuerte. La
tenacidad y la dureza de sus palabras escondían un corazón tan, tan grande que
sólo sería recompensa de algún caballero que de verdad la mereciese. Y hubo
quienes lo intentaron, pero al final, nadie conseguía alcanzar el perfil del
hombre de sus sueños. Aquel que consiguiera despertarla por completo y darle
millones de colores a las noches frías. Aquel que fuese capaz de contar cada
uno de sus lunares y hacerla tocar el algodón de las nubes con sólo mirar sus
ojos.
Pero el destino poco a poco se dejó
entrever en el cielo y en las estrellas. Y se cumplió. Apareció como si de
casualidad se tratase un joven apuesto, singular, sin segundas intenciones.
Alto, de naturaleza clara, humilde. Sencillo, prudente. Y se ganó su corazón. Entero;
de arriba abajo y de derecha a izquierda. Pero no sólo el suyo. Paso a paso
también se fue ganando el corazón de todos aquellos que rodeaban a la princesa y
que esperaban que aquel chico la hiciera totalmente feliz. Y acertaron.
Porque él hacía lo que nadie antes
había conseguido. Se podía apreciar cómo se iluminaban sus ojos al verle. Cómo
la hacía de rabiar con sólo pronunciar una palabra y cómo su sonrisa se
ensanchaba cuando se susurraban cosas al oído. Y pronto se convirtieron en
inseparables. Las esencias de sus almas se entretejían despacio, muy lento,
para acabar convirtiéndose en un alma sola que, a partir de entonces, crecería hacia
el infinito como si de una persona sola se tratase.
Y aunque ahora quisiera contaros el
final de la historia, no puedo hacerlo. Porque ahora que la princesa y el joven
son una sola persona, un solo corazón, sólo ellos serán capaces de sobrevivir
juntos al frío del invierno, al calor del verano, a las tormentas más sonoras e
incluso a algún devastador huracán. Y sólo ellos podrán averiguar lo que el
destino les tiene guardado porque ahora la tienen, ahora tenéis la llave que
abre vuestro futuro, vuestra vida. Y con un poco de suerte, todos nosotros
seremos testigos del final feliz del
cuento de la princesa y el apuesto joven.
20 jul 2011
Como el agua
Me escondí durante un tiempo. Pero no desaparecí del todo. Porque, aunque en ocasiones quisiera volverme transparente, no es posible. O al menos, yo no he descubierto la forma de conseguirlo... Tendré que pensar más en ello, porque lo necesito. Necesito algo así como quedarme sola; para eso a lo que llaman pensar o reflexionar, me da lo mismo. El caso es que quiero silencio. Pero no de ese que es insoportable y casi duele, no. De ese que respira paz y tranquilidad de pensamientos. Música a mi alrededor que me haga comprender. Los veranos no son tan fáciles como parecen. A veces no me gusta, no me gusta estar tan cerca de mí. Porque soy complicada, nada fácil. Pienso mucho, demasiado. Y me canso de rodar como una noria sobre la letra de la misma canción. Piso demasiado lo que ya esta desgastado de pisar y me resbalo, me caigo. Y, claro, algo duele. Lejos está la metáfora de lo escrito. Más verdad hay aquí de lo que crees. Pero al fin y al cabo, quiero pensar que no es más que otra nebulosa y que así como vino se irá. Por lo pronto, sobrevivo, como todos, supongo. Aunque algunos mejor que otros. ¿Tú no sobrevives? Pues busca la manera porque será tu llave. No sé de qué tesoro, la verdad. Pero algo grande porque, está claro que si uno sobrevive como puede, la vida no puede reprocharte nada ¿no? No sé si me estaré liando. En realidad, ya sólo me queda sonreír, aunque tú no me ves, pero lo estoy haciendo. Que el sol nos ilumine los días, y porque no, también las noches.
14 jun 2011
Desde los afectos
¿Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo?
Que uno tiene que buscarlo y dárselo...
Que nadie establece normas, salvo la vida...
Que la vida sin ciertas normas pierde formas...
Que la forma no se pierde con abrirnos...
Que abrirnos no es amar indiscriminadamente...
Que no está prohibido amar...
Que también se puede odiar...
Que el odio y el amor son afectos...
Que la agresión porque sí, hiere mucho...
Que las heridas se cierran...
Que las puertas no deben cerrarse...
Que la mayor puerta es el afecto...
Que los afectos, nos definen...
Que definirse no es remar contra la corriente...
Que no cuanto más fuerte se hace el trazo, más se dibuja...
Que buscar un equilibrio no implica ser tibio...
Que negar palabras, es abrir distancias...
Que encontrarse es muy hermoso...
Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida...
Que la vida parte del sexo...
Que el por qué de los niños, tiene su por qué...
Que querer saber de alguien, no es sólo curiosidad...
Que saber todo de todos, es curiosidad mal sana...
Que nunca está de más agradecer...
Que autodeterminación no es hacer las cosas solo...
Que nadie quiere estar solo...
Que para no estar solo hay que dar...
Que para dar, debemos recibir antes...
Que para que nos den también hay que saber pedir...
Que saber pedir no es regalarse...
Que regalarse en definitiva no es quererse...
Que para que nos quieran debemos demostrar qué somos...
Que para que alguien sea, hay que ayudarlo...
Que ayudar es poder alentar y apoyar...
Que adular no es apoyar...
Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara...
Que las cosas cara a cara son honestas...
Que nadie es honesto porque no robe...
Que cuando no hay placer en las cosas no se está viviendo...
Que para sentir la vida hay que olvidarse que existe la muerte...
Que se puede estar muerto en vida..
Que se siente con el cuerpo y la mente...
Que con los oídos se escucha...
Que cuesta ser sensible y no herirse...
Que herirse no es desangrarse...
Que para no ser heridos levantamos muros...
Que sería mejor construir puentes...
Que sobre ellos se van a la otra orilla y nadie vuelve...
Que volver no implica retroceder...
Que retroceder también puede ser avanzar...
Que no por mucho avanzar se amanece más cerca del sol...
¿Cómo hacerte saber que nadie establece normas, salvo la vida?
Que uno tiene que buscarlo y dárselo...
Que nadie establece normas, salvo la vida...
Que la vida sin ciertas normas pierde formas...
Que la forma no se pierde con abrirnos...
Que abrirnos no es amar indiscriminadamente...
Que no está prohibido amar...
Que también se puede odiar...
Que el odio y el amor son afectos...
Que la agresión porque sí, hiere mucho...
Que las heridas se cierran...
Que las puertas no deben cerrarse...
Que la mayor puerta es el afecto...
Que los afectos, nos definen...
Que definirse no es remar contra la corriente...
Que no cuanto más fuerte se hace el trazo, más se dibuja...
Que buscar un equilibrio no implica ser tibio...
Que negar palabras, es abrir distancias...
Que encontrarse es muy hermoso...
Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida...
Que la vida parte del sexo...
Que el por qué de los niños, tiene su por qué...
Que querer saber de alguien, no es sólo curiosidad...
Que saber todo de todos, es curiosidad mal sana...
Que nunca está de más agradecer...
Que autodeterminación no es hacer las cosas solo...
Que nadie quiere estar solo...
Que para no estar solo hay que dar...
Que para dar, debemos recibir antes...
Que para que nos den también hay que saber pedir...
Que saber pedir no es regalarse...
Que regalarse en definitiva no es quererse...
Que para que nos quieran debemos demostrar qué somos...
Que para que alguien sea, hay que ayudarlo...
Que ayudar es poder alentar y apoyar...
Que adular no es apoyar...
Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara...
Que las cosas cara a cara son honestas...
Que nadie es honesto porque no robe...
Que cuando no hay placer en las cosas no se está viviendo...
Que para sentir la vida hay que olvidarse que existe la muerte...
Que se puede estar muerto en vida..
Que se siente con el cuerpo y la mente...
Que con los oídos se escucha...
Que cuesta ser sensible y no herirse...
Que herirse no es desangrarse...
Que para no ser heridos levantamos muros...
Que sería mejor construir puentes...
Que sobre ellos se van a la otra orilla y nadie vuelve...
Que volver no implica retroceder...
Que retroceder también puede ser avanzar...
Que no por mucho avanzar se amanece más cerca del sol...
¿Cómo hacerte saber que nadie establece normas, salvo la vida?
Mario Benedetti
Nada
Vacío. Palabras mudas, no dichas. Si acaso, pensadas pero desechas en el instante de abrir los ojos. Para ver mejor. Oír el sonido del silencio roto por los cristales. Y la boca destrozada. De dar, dar y hablar sin apenas recibir nada. Ni un solo respiro cerca. Ni un solo roce. Tan solo algún escalofrío que recorría todo el cuerpo después.Y cuando llegaba a sus manos, la energía en un suspiro, se apagaba en la oscuridad de la noche...
1 jun 2011
Luz
Abandonada se creía. Y cuando se dio cuenta de que en realidad se había desinflado, ya era tarde. Ahora lo notaba pero no había sido consciente de todo lo que el destino podía arrastrar consigo. Siempre y sin excepciones. Y en algunos momentos, levantaba la cabeza y se imaginaba la velocidad a la que sus emociones podían caerle encima y se sentía mareada. Cerraba los ojos deprisa y apretaba fuerte sus párpados, como si la oscuridad doliera. Después de aprender todo lo que había aprendido, después de todo lo que la había costado,ya no había vuelta a atrás. Y aunque su cuerpo la pedía desintegrarse y perderse sin más, no podía. Y abría de nuevo los ojos y sus pupilas se encogían cuando la luz hábil apuntaba derecha a su corazón. La herida aún seguía ahí. Y sangraba sangre oscura. Como sus intenciones. Pero la daba totalmente igual. De hecho, su alma había llegado a un punto de tal equilibrio que ni siquiera se sobresaltaba cuando él se acercaba. Raro por naturaleza, extraño. Pegados. Unidos. Por almas, por sangre. Por sus intenciones.Todo oscuro, casi negro pero nunca gris. Porque el gris es triste y no estaban tristes. Estaban atados a su propia locura, a la desenfrenada agitación de sus manos palpitantes. A sus ganas de saltar, de bailar. De sobrevivir, sobrellevar. Mezclados en colores y aromas. Física y mente. Todo. Y la música blanca como la luna arrastraba miradas a su paso. Las barría envidiosas. Las arrimaba con un rastro de pasión púrpura reconocible con sólo echar un vistazo. Y qué suerte la suya. Que siendo ya uno solo, se perdieron en el mar. Y aunque quedaba constancia de su reflejo, ya no estaban allí. La arena fundió sus pies y dejaron de correr. Las olas les mojaron el pelo y las ideas. Pero no pasaron frío. Porque allí,lejos del mundo, después de que la música se apagara, se fundiera, sólo podían delatarse por una cosa. La inmensa luz que ellos mismos irradiaban.
25 abr 2011
22 abr 2011
Guerra
Ya era difícil sobrepasar tanto tiempo. Muchos días, demasiados sin saber qué fue de aquello que eclipsó en un momento el mundo de su alrededor. Las miradas de ambos. Cruzadas, entrelazadas, unidas en una simbiosis perfecta. Un instante. Un segundo de entendimiento mutuo. Sin explicaciones. Saber, sentir un querer que no podía, ni puede. Y morderse los labios de rabia por tener que callar y esconder lo que sus ojos vieron. Por entender que no es justo. Que esta vez sabía que se volvería a repetir. Pero era pronto. Y así como ayer hacía sol y hoy, un trueno anuncia casi el final del día, todo puede cambiar. Una semilla que crecería con la lluvia de la primavera. Y unos pensamientos que se habían anclado con sorpresa a la fuerte sensación de libertad que la rodeaba. Libertad aún, pero que poco a poco sucumbía a los encantos ocultos del recuerdo de un cuento parecido. El final estaba por llegar. Y mientras limpiaba los restos de dolor de sus armas de guerra, se convencía de que el rumbo del destino no estaba escrito en ningún lado. O por lo menos, ella no lo había visto reflejado en aquella mirada, en aquellos ojos que, inútilmente, intentaba borrar de su memoria.
30 mar 2011
27 mar 2011
Amapola
Nadie sabe nunca cuándo le dirán algo que le cambie la vida. O que haga que le de vueltas todo. La débil importancia que se suele dar a lo que es tu mundo, a todo lo que te rodea, incluso lo que pisas con tu pies. Apenas los segundos que tardó en decirlo entero, en dejar crecer en ti un secreto de los que matan. De los que consumen. Día a día, hora a hora y segundo a segundo; atravesando piel y alma y penetrando en su mente vulnerable. La angustia de sentir que una vida puede estar yéndose calaba hondo. Despacio, muy muy lento, compitiendo con el ritmo que solía correr por sus venas. Exprimió su corazón, y qué corazón. Tan grande que sorprendida pude ver cómo las lágrimas caían por mis mejillas. La dureza de algo que se va, que se estropea como los pétalos de una amapola tan bonita como ella. Y sus hojas caducas se ennegrecían al ritmo de sus ojos verdes cuya esperanza agonizaba por momentos. El temor latía con fuerza entre sus finos dedos recorriendo los alrededores de su aura. Habría que pisar el miedo hasta verlo morir y convertirse en el polvo que se lleva el viento. Y cuando la música suene, sonreirá. Haciéndose cómplice de su propia vida, de sus propios recuerdos. Enseñando a los demás esa fuerza que tenía su corazón, uno de los corazones más grandes que el mundo había visto nunca.
21 mar 2011
Ese día llegó
Y se fue. Como el invierno que nos trae la primavera. Como el frío que huye con sólo rozar su piel. Como el tren perdido de los lunes. Como la noche que aguarda al más bello amanecer. Sin un aviso a tiempo. Casi sin un por qué. Se me va la voz y las razones. Se me van tus ojos. Me recorren los recuerdos y te vas. Te marchas. Sin un adiós. Sin lágrimas. Sin besos.
17 mar 2011
Cuestión de espacios
Y en ese momento la vi.
Pude ver la chispa que saltó,
que vibró entre nosotros.
La electricidad me recorría
de arriba a abajo
mientras nuestros ojos sonreían.
Al mismo tiempo, nuestras bocas
deseaban febrilmente
acabar de golpe con el espacio
que las separaba.
que vibró entre nosotros.
La electricidad me recorría
de arriba a abajo
mientras nuestros ojos sonreían.
Al mismo tiempo, nuestras bocas
deseaban febrilmente
acabar de golpe con el espacio
que las separaba.
14 mar 2011
Días de agua
Cuando he bajado del autobús, la lluvia caía pesada sobre mi cabeza. Siempre había odiado que el agua me mojara el pelo. Y mientras buscaba la forma de maldecir al tiempo, me he acordado de ti. De cada uno de tus gestos cuando aquel día cruzamos corriendo el espacio que nos separaba del resto del mundo. ¿Te acuerdas? Estábamos empapados. No sólo del agua, que chorreaba por toda nuestra ropa, sino de tanto amor que ni siquiera recuerdo por qué en esa ocasión permití que mi pelo se mojara. En aquellos tiempos, era menos vulnerable. Lo que en ocasiones normales podía hacer que mi mundo se cayera, no era más que otra excusa barata para estar de nuevo entre tus brazos por aquel entonces. Porque todo es mucho mejor cuando tienes a alguien que pueda vivir contigo cada detalle que pasa por tus ojos, cada olor o cada tacto que sienten tus dedos. Y es que hoy, que llueve a mares, me acuerdo de cuando me dijiste que te gustaba ese olor a tierra mojada de los días lluviosos de otoño. Entonces he llegado a casa y en vez de entrar dentro, me he quedado fuera unos minutos. He dejado que el agua me calase, he permitido que dada gota que se filtraba por mi rostro llegara hasta el fondo de mi corazón. Y te he sentido cerca. Tan cerca que me he dado cuenta de que ya no te tengo. Entonces, he entrado a casa. Y de nuevo sola, me he obligado a recordar que no merecía la pena que el agua me mojara, porque, al fin y al cabo, dentro no había nadie dispuesto a secar cada una de las gotas de mi cuerpo mientras le contaba lo mucho que odiaba que la lluvia me mojara el pelo.
Rarezas
Una vez conocí a un chico que había decidido besar en todas partes menos en la boca. Como el que decide fumar sólo Camel en vez de Marlboro o no volver nunca a un sitio. Es raro lo del tiempo. Porque te hace acostumbrarte a las cosas, a los gestos, y al final, por mucho que pese, también te hace acostumbrarte a que la gente se vaya. Y parece que todo se te escapa de las manos. Si lo piensas, dan ganas de salir corriendo. Así es como funciona todo ¿no? Eres joven, hasta que no lo eres. Quieres, hasta que dejas de hacerlo. Lo intentas y lo intentas pero al final, te ríes hasta que lloras, lloras hasta que terminas riéndote a carcajadas, y mientras el mundo sigue girando.
13 mar 2011
Cosas nuevas
Los días pasaban y su mente no podía despegarse del último recuerdo que la hizo sentir viva aquella semana. Porque justo después, algo inundó de forma permanente su alma, que lejos de vibrar a altas frecuencias, apenas se movía dentro de su corazón. Éste no estaba apagado del todo, sino que emitía leves latidos que permitían que sus sentidos no desconectaran por completo. No quería parar ni un segundo, no podía tener tiempo para reflexionar, porque entonces, la espontaneidad con la que aquel sentimiento estaba aflorando en su cuerpo se desvanecería para siempre. Era la necesidad que tenía por verle otra vez. Se había convertido en una especie de pequeña obsesión que tiraba de ella con esa fuerza que atrae desesperadamente a todo aquel que flota en el gran océano de la incertidumbre. Pero las dudas, tarde o temprano se irían. En realidad, más que irse, se transformarían en fuerzas diferentes. Y estas fuerzas no iban a hacer otra cosa que infundir valor a sus ojos, a sus manos y a su boca que, sin duda, acabaría fundiéndose lentamente con la de aquel chico que por el momento había robado ya mucho más que algunos de sus sueños.
11 mar 2011
Pasos
Las ilusiones que últimamente había sentido todo su cuerpo se habían hecho pequeñitas ese día. Se habían encogido despacio, temerosas, ante la inmensa capacidad a la que su corazón parecía responder, y ahora, con miedo a dar cualquier paso en falso, se limitaban a meditar confusas ante la incertidumbre de su dueña. Ese día se había perdido. Y abandonada a la suerte en la que apenas confiaba, parecía deambular triste de nuevo. Se había sentido segura durante algún tiempo pero ahora se echaba hacia atrás y la aterrorizaba poder tropezar con ella misma. Pero no quería engañarse. Las cartas ya estaban sobre la mesa y sabía que tarde o temprano encontraría su as. El problema era que ella quería un as concreto, pero todo era cuestión de tiempo. Porque dentro de poco sus pasos serían sólo hacia delante y entonces no habría piedras con las que poder caerse. Sólo un obstáculo aparecía en el horizonte y ella, ya lo había reconocido. Tan sólo tenía miedo.
8 mar 2011
Sintiendo
Y notar que la valentía se queda dentro de ti. Embeberse en sus palabras y sentir que no sientes nada. Que tu cuerpo no responde. Que sus ojos se funden con los tuyos. Y que las manos se os enredan sin miedo a nada. Sonrisas que esconden el deseo de las temibles dudas. Adivinar por qué te mira. Ni siquiera poder imaginar que algún día dejarás de verle. Porque los hechos suceden así. Condenar tu verde esperanza al destino. Intuir un primer paso. Avanzar sobre los nervios que se asoman a cada centímetro de tu piel. Y esperar y esperar. Esperar a que, por fin, un para siempre venga sólo y exclusivamente para ti.
7 mar 2011
Barreras rotas
Había bastante gente pero no se sentía agobiada. Le gustaban las luces de colores de ese sitio. La música retumbaba fuertemente en sus oídos mientras dejaba que su ser y su cuerpo volasen sin prisa a otra dimensión. Bailaba al ritmo de la música y sus pies empezaban cansarse. Sin embargo, era incapaz de liberar su mente. Estaba anclada en mantener en su cabeza lo que podía significarlo todo o nada, y estaba pensando demasiado. Sabía que ese chico la atraía simplemente con mirarla pero ni siquiera se imaginaba cuánto. No la gustaba nada sentirse atada, pero las fuerzas que ponía para impedirlo se estaban quebrando. Las cuerdas que la unían a aquel viejo trato de jamás sentirse por alguien se estaban rompiendo una a una; y a su paso, levantaban viejas heridas de guerra que escocían a pesar de haber cicatrizado hacía ya bastante tiempo. Pasaron muchas horas en las que intentó olvidarse un momento de él, pero no lo consiguió. No pudo más y, ante la desesperación que puede sentir una antigua mente enamoradiza, se rindió más enfadada que sorprendida. Había pasado mucho tiempo en el que sus intentos de evitar sentir profundamente habían resistido miles de batallas, pero ahora había llegado la guerra final y se había rendido ante la suavidad de vivir en sus ojos la llama de la curiosidad de los ojos marrones de ese chico. Toda la noche pensando en él. Desde el minuto uno, hasta volver de nuevo a casa. Y ya tumbada en la cama no encontraba explicación alguna. En realidad, sólo se le ocurría una explicación posible, pero no tenía el valor suficiente como para expresarla en voz alta. No todavía. Ahora, lo estaba asimilando. Soñar con esos ojos ya no sorprendió a su corazón tanto como permitirse descubrir que por muy raro que pareciera, ya le echaba de menos.
2 mar 2011
Límites
Imposible concentrarse. Ni en una cosa ni en otra. Ni en el blanco ni en el negro. Y lo intentaba por todos sus medios pero una parte de ella, ya se había rendido. Sabía que tenía muchas, prácticamente todas las posibilidades de quedarse sin lo que tanto deseaba y ante algo así, no había nada que pudiera hacer. Porque una vez más, el tiempo había decidido correr demasiado deprisa y determinar esos hechos que sólo puedes entender cuando dejan de dolerte. El tiempo pasaba tan deprisa que se acababa. Se escurría hábilmente entre sus dedos que sólo deseaban acariciar su rostro sin dejarse ni un sólo milímetro, y llegaría el día en que no hubiera más minutos y entonces se iría. El tiempo nunca regresa, y él no sería menos. Esos eran los planes de su vida. Se marcharía. Para no volver, o al menos, no de la misma forma. Pero ella no quería verlo. No quería aceptar por qué cada vez que aparecía en su vida alguien que conseguía hacerla sentir que podía permitirse abrir su corazón, alguna fuerza se lo arrancaba de repente sin darla ni un segundo para reaccionar. Odiaba los límites del tiempo. No quería dejarse guiar por su instinto y aún así, iba a hacerlo. Porque sabía que había mucho que perder, pero no era nada comparado con lo que podía ganar. Porque de nuevo su alma era arrastrada por otra, y necesitaba complementarse con ella. Se sentía atraída por el encanto de sus ojos y su pelo castaño. Por su ropa y su forma de hablar. Por su olor. Todo él causaba una vorágine de sentimientos que recorrían sin rumbo fijo cada esquina de su cuerpo. Pero era complicado, el tiempo no corría a su favor y no quería ir deprisa. Se trataba de mucho más que un simple juego. Y como siempre, tenía que contar con el más terrible de sus miedos. El miedo a enamorarse.
27 feb 2011
Y empezar de nuevo
- Lo siento - empezó a decirle -, siento haberte...
- Calla – lo interrumpió ella -. No existe el pasado. No hay nada que perdonar. Empecemos a vivir desde hoy. Mira – le dijo separándose y cogiéndole de una mano -, el mar. El mar no sabe nada del pasado. Ahí está. Nunca nos pedirá explicaciones. Las estrellas, la luna, ahí están, y siguen iluminándonos, brillan para nosotros. ¿Qué les importa a ellas lo que haya podido suceder? Nos acompañan y son felices por ello, ¿las ves brillar? Titilan en el cielo; ¿lo harían si les importara? Estamos solos tú y yo, sin pasado, sin recuerdos, sin culpas, sin nada que pueda interponerse entre nosotros.
La Catedral Del Mar.
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