El color pardo de sus ojos se volvió verde esmeralda cuando la luz directa del sol calentó sus pupilas. El aire agitaba su rebelde pelo castaño, haciéndole perder la paciencia por un momento. Bajó la cremallera de su chaqueta de cuero negro y la dejó sobre el banco de madera, que se había convertido, apenas sin quererlo, en uno de los sitios favoritos de los dos. Saboreaba lentamente un caramelo de fresa ácida, de aquellos que tanto le gustaban. Lo había encontrado escondido en su bolsillo y estaba haciendo que su boca se volviera de un color rojo cada vez más intenso, lo que hacía que fuera, si cabe, aún más irresistible. Las miradas entre los dos fluían nerviosas, con miedo a ser descubiertas por los corazones de ambos, que latían irremediablemente desbocados. Él se sentó a su lado mientras sus piernas se rozaron un momento. Hablaban de cómo pasarían sus vacaciones de verano y se reían, sin atisbar las nerviosas manos de ella, que se morían de ganas por arrastrar el pequeño trozo de caramelo que se había quedado pegado en las comisuras de los labios de él. Se miraron en un instante, que rebasó los límites del querer y no poder; y de pronto, lo supieron. Mientras el refulgente sol parecía derretir sus deseos en algo más que simple azúcar, el aire arrastró a la nada los pocos pensamientos y las dudas que les quedaban. Sus labios se rozaron. Y así, en la primavera del parque que vio cómo su amor crecía más allá de los términos prepuestos, se fundieron en un beso, su primer beso. Ansiado, intenso, atrevido, apasionado, brillante; y que resultó ser mucho, mucho más dulce que cualquier caramelo del mundo.
19 feb 2011
Secretos
- ¿Qué me pasa, tía? Sonreír como una tonta cuando me mira. Mirar sus
labios cuando habla. Sus ojos cuando se ríe. Oler su bufanda. Acariciar el
cuero de su chaqueta. Caminar bajo su paraguas. Sentir su corazón. Transformar nombres... ¡Me estoy volviendo loca! Puff, no me mires así...
- ¡Sólo me estoy riendo!, mmmm ¿asustada?
- Aterrorizada, petrificada, pasmada, estupidizada por él !!
16 feb 2011
15 feb 2011
Pum
Pum. De repente sus ojos se apagaron. El matiz verdoso que caracterizaba su alegría se había transformado en humo invisible y ahora sus ojos marrones vulgares se reflejaban en el espejo sin saber muy bien lo que querían decir. La última mentira había acabado con ella definitivamente y ya no había nada. Ni en qué o quién confiar. Su corazón se había encogido y el vacío de su cuerpo se extendía más allá de los límites de cualquier emoción que pudiera registrar su piel. Ni siquiera quería pensar en ello. Sintió cómo se venía abajo. No pudo disimular y salió de casa. Al torcer la esquina se puso a correr. El contacto directo del frío quemaba sus labios. Aún así, no encontró comparación con lo que sentía su alma. Dolía demasiado. Se sentó en un banco de piedra cuando empezó a llover. Las finas gotas de agua se deslizaban sobre sus brazos; sobre su cara, mezclándose con las lágrimas negras que se desteñían del rímel de sus ojos. No la gustaba llorar. Lo odiaba. Pero ya ni siquiera tenía fuerzas para eso. Repentinamente una mano ajena la golpeó el hombro suavemente. Y mientras levantaba la cabeza, un chico se sentó a su lado. Se miraron y se conocieron sin decir nada. Magia. Y ella sintió que tenía que hacerlo. Se explayó como a veces sólo puede hacerse con un desconocido. No pidió apoyo. Ni abrazos. Sólo que la escuchara. Que la permitiera llorar sin límites, como nunca había hecho. Y cuando
terminó se sintió mejor de lo que se había sentido en mucho tiempo. Paró de llover y las manos de él se alzaron para recoger con cuidado las últimas lágrimas negras que caían por su rostro, mientras la luz de las estrellas acababa secándolas en las yemas de sus dedos.
14 feb 2011
NB. Un beso y una flor
De día viviré pensando en su sonrisa.
De noche las estrellas me acompañaran.
Seras como una luz que alumbre mi camino.
Me voy pero te juro que mañana volveré.
13 feb 2011
Intuición
A
pesar de que el sueño rondaba por todas las partes de su cuerpo, continuaba
leyendo. Por lo menos hasta las doce. O quizá algo más. Tenía que aguantar.
Sabía que merecería la pena, a pesar de que sus finos párpados se negaban a
resistir abiertos un segundo más. El libro que tenía entre sus manos era
interesante, aunque no tanto cómo dejarse llevar por el pensamiento que, guiado
a través del recuerdo de su sonrisa perfecta, contagiaba otra sonrisa, tonta de
alegría, en sus propios labios. No sé que me pasa - pensaba. Miró el reloj de
la pared, que parecía parado por el propio tiempo. Las doce y cuarto. Lo
comprobó con el de su móvil y se decidió, por fin. Un mensaje corto, dividido
absurdamente en dos por sus pequeñas manos torpes y nerviosas pero cargado en
lo más hondo de contrariedades que ni siquiera sabía que existiesen. Enviado.
Aguantó algún segundo más el móvil entre sus manos y lo puso a cargar,
decidiendo no volver a mirarlo hasta la mañana siguiente. Pasó toda la mañana y
la comida. Ninguna respuesta. Toda la tarde y nada. Sabía que en el pueblo no
había mucha cobertura pero no podía resistir mirar cada dos por tres. Incluso cambió
el fondo de pantalla varias veces hasta que prácticamente se dio por vencida.
De camino a casa iba escuchando música negándose a sentirse triste. Escuchó la
letra atentamente fundiéndose con el ruido de la carretera y dejando a un lado
sus preocupaciones. Cerró los ojos y se permitió sonreír sin pensar en nada más
que las ligeras gotas de lluvia que oía débilmente caer en el cristal. Cuando
llegó a casa era tarde. Cogió unas fresas y las lavó con cuidado, partiéndolas
en trocitos. Las echó en un tazón y añadió leche, observando cómo el conjunto
se teñía despacio de rosa pastel. De repente, un sonido a destiempo que
sólo apreciaron sus oídos salió del bolsillo de su chaqueta gris, colgada tras
la puerta. Y una corazonada. Limpia, certera, inequívoca, dulce, como las
fresas. Sabía que esta vez no se equivocaba. Se levantó y miró el móvil. Era
él. Qué simple resultó ser lo que llevaba todo el día esperando. Pero daba
igual. Se daba por satisfecha, estaba feliz. Porque su intuición, que llevaba
mucho tiempo aletargada, la decía que aquello iba a salir bien, que sería una
gran historia. Sabía que podía ser en cierto modo duro para ella, pero eso no
la importaba. Su vida había cambiado tanto en tantas cosas que las pocas ideas
claras que tenía en su mente se habían venido abajo. Sólo una nueva actitud
parecía nacer de nuevo, y era suficiente. Para bien o para mal, iba a
arriesgarse.
12 feb 2011
JS. Contigo
Y morirme contigo si te matas.
Y matarme contigo si te mueres.
Porque el amor cuando no muere mata.
Porque amores que matan nunca mueren.
Dormida
Oí aquel frágil sonido tres veces antes de
decidir levantarme. Era tan suave que apenas podía percibirlo conteniendo la
respiración, pero volvió a repetirse por cuarta vez. Un leve susurro que
parecía provenir de la nada. Entorné los ojos como si realmente pudieran verse
los sonidos y me levante despacio. Bebí
un poco de agua de una botella que solía tener a los pies de la cama mientras
miraba el reloj amarillo que descansaba sobre la pared de enfrente, sin darme
cuenta de que llevaba sin pilas más de una semana. Salí de la habitación
descalza. La madera nueva no estaba fría pero crujía bajo mis pies a medida que
avanzaba a ciegas por el pasillo. Tanteé la pared hasta dar con el interruptor
y enseguida la luz bañó la instancia. Sin pensármelo bajé las escaleras
despacio, sintiendo cómo el frío mármol se calentaba a mi paso. Escuché de
nuevo el susurro mientras me deslizaba por el pasillo de abajo. Y allí estaba
la responsable de mi insomnio. La puerta que daba paso al patio trasero lucía
de par en par, rugiendo una luna llena en su centro más perfecto, a través de
la cual el fino aire de la sierra entraba sin aspavientos, rompiendo el
silencio que se mantenía aquella noche de finales de Febrero. Me asomé bajo el
hechizo de aquella luz lunar y salí al patio. El frío me helaba los pies
mientras me acercaba a la piscina, que cubierta de una leve escarcha azul
gritaba sin piedad ser destruida. Metí la mano derecha en el agua procurando no
mojarme el pijama y cuando la saqué, me agaché inconsciente y escribí con las
gotas de agua aquella frase que tanto rondaba mi cabeza últimamente. El primero
que se enamore, pierde. Y me quedé pensando en cuánto había ignorado aquellas
simples palabras y qué rápido se habían puesto en mi contra. Miré cómo las
letras desaparecían lentamente ante el aire helado. Apenas esperé unos segundos
y me levanté de nuevo. Caminé hacía la puerta, la cerré con llave y me dispuse
a deshacer el camino de vuelta a mi habitación. Necesitaba descansar. Y rendida
e inútilmente enamorada, caí dormida en menos que las últimas letras se
borraban del suelo de mi patio trasero.
9 feb 2011
Murallas
Dejó que entrara al
mundo de sus sueños, pero con cautela. Al de los pensamientos
que más temía. Esos que hacían que se sintiese de manera extrañamente
vulnerable y sensible. Decidió ceder ante su propia presión y destruir la fuerte
muralla que se disponía a su alrededor. Esa que tanto había costado
construir. Protegía sobre todo su corazón. Porque ya había malgastado
amor en varias, quizá muchas, ocasiones. Y el amor no
abunda. Pero nunca había sabido lo que realmente necesitaba. Por un
lado no creía que pudiera pasarse la vida entera negándose a arriesgar la más
mínima parte de lo que su corazón sentía, pero por otra, sabía que tenía la
fácil capacidad de engancharse, depender demasiado; y eso, lejos de haber
salido bien, había hecho que sufriera en exceso. Definitivamente, no tenía
suerte y era muy difícil luchar contra ese tipo de cosas. Creía en el destino,
pero el suyo se estaba retrasando demasiado. Prevenir es mejor que curar,
o eso dicen. Pero esta vez no. Porque algo nuevo sintió en esa
ocasión, en los últimos días. Puede que fuera la
primavera, que perezosa, poco a poco deshelaba todo lo congelado por el
invierno, que ya decía adiós, o puede que no. Siempre le había gustado
sonreír pero lo que había comprendido es que le gustaba aún más sonreírle
a él. Hoy, mañana, pasado. Su aspecto olvidadizo. Quizá siempre. Quizá nunca.
Pero sabía algo con seguridad. Aquella primavera iba a ser definitivamente
suya, de ella. Su estación favorita. Y para cerrar de nuevo las murallas por
algún contraataque, siempre habría tiempo.
2 feb 2011
Lágrimas
No me importaba cuantas pequeñas lágrimas cayeran por sus ojos negros, que brillantes, apenas se atrevían a mirarme. Y aunque tenía la certeza de que esa vez no me estaba mintiendo, no pude hacer otra cosa que darme la vuelta e irme antes de que miles de esas lágrimas inundaran los míos de vidas pasadas. Porque aquella vez, aquella noche de hace tanto tiempo, cuando era yo la que lloraba, él hizo lo mismo. Limitarse a no hablar; mirar y enmudecer en el silencio más profundo. Siempre en silencio porque nadie podía saber. Pero ya no me importa. Porque al final el tiempo lo cura todo y aunque ahora estas cosas no son más que vagos recuerdos en mi mente, que aprendió a olvidar, todo el mundo sabe que las lágrimas no son otra cosa que agua. Y el agua, más tarde o más temprano, se acaba secando.
1 feb 2011
¿Duele?
El problema fue creer sin límites desde el
principio. Abandoné cada gota de cordura para que se evaporase lentamente,
sin temer que eso, precisamente, iba a ser lo que más necesitaría en el futuro.
Malgasté mi razón, y quizá también parte de la suya, en blabladurías varias,
que me alejaron del corazón, su corazón, que tanto necesitaba por aquellos
tiempos. El impulso fue entonces el protagonista. Y para bien o para mal, tuve
mi historia, tuvimos nuestra historia, pero no tuvimos un final. El cuento se acabó de golpe, permaneciendo en la memoria aquello que creí soñar alguna vez. Cuando sus besos me llenaron de mariposas de colores, cuando piel con piel jugamos a tocar el fuego con las manos. Y por jugar, sencillamente nos quemamos. Y nunca intentamos curar las heridas. Puede que porque, a pesar de todo, dolieran demasiado.
30 ene 2011
Cuestiónate.
Es curioso que tengamos tanta prisa en todo.
Por saber, sentir, querer, tener, vivir,
estar, desear, amar, saltar,
jugar, bailar, gritar...
Pero no nos damos cuenta de que lo que más deseamos
llega siempre cuando menos
te lo esperas.
Y que el tiempo diga
lo que tenga que decir...
29 ene 2011
Tiempo de frutas.
Siempre me habían gustado las naranjas.
Dulces antes que ácidas y grandes antes que pequeñas. Sin papel que las
envolviese y a ser posible, que no estuvieran muy frías. Alguien me dijo una
vez que casi siempre las tomaba por las tardes y a veces me decía lo ricas que
estaban. Entonces, yo también lo hacía. Bajaba corriendo y elegía la que más me
gustaba, que casi siempre fue la más redonda. Quitaba la pegatina y la ponía en
un papel, intentando memorizar la fecha de ese día en algún lugar de mi mente. Pero tiempo impertérrito pasaba; y
nosotros unidos e impregnados ya por muchas, demasiadas cosas, no
nos dimos cuenta de que la época de las naranjas ya se había pasado. Y así como
el frío invierno deja paso a la esperada primavera, florecimos juntos olvidando
tristes y alegres motivos, razones de ser y de no ser, por las cuales nuestro
vínculo se había convertido en algo tan fuerte. Llegaron las fresas, las
cerezas, la sandía. Pasionales, vehementes y terriblemente rojas. Y caímos.
Caímos en la tentación de quién ansía más de lo que realmente debe, en lo
prohibido del sabor especial, en la fuerza del agua que debía purificarnos.
Pero nos envenenamos. Y emponzoñados de razón, de orgullo, prepotencia, de
gula, hambre, fuerza y lágrimas, tuvimos que separarnos. Nos extraviamos. Es por eso por lo que
ya no me gustan tanto las naranjas. Porque me dieron algo que nunca fui capaz
de imaginar, y que puede que jamás aprovechara. Sin embargo, ahora sé que fue
lo mejor, si bien no lo más fácil. Pero, aunque muchas veces intento
apreciar el dulce olor a naranja que quedó impregnado para siempre en mis
manos, sé a ciencia cierta, que mis frutas favoritas siempre, siempre serán las
rojas.
28 ene 2011
Deseos.
Me
había repetido a mí misma, miles de veces que esa no era
manera de arreglar mis problemas, para explicarme a continuación, con más o
menos energía, que ni mis problemas eran tan graves ni existía solución alguna
para terminar con ellos, pero no tenía fuerzas para renunciar a mis propias
fantasías, parecía tan fácil enamorar otra vez, enamorarse otra vez y tirar de
la manta, acabar con la vida gris, con el despilfarro de los meses, con la
nostalgia de tantas cosas que no he poseído jamás...
Atlas de Geografía Humana.
Atlas de Geografía Humana.
27 ene 2011
Tiempo.
Dame la mano y finge no ser quien quiero que seas. Dame una razón para volver. Dame veinte besos que me sepan a poco y después abrázame para que el mundo no se caiga. Pasea conmigo hasta que se vaya la luna, hasta que el sol pueda vernos cogidos de la mano. Llévame a algún lugar escondido y hazme gritar tu nombre mientras me susurras el mío al oído.Vámonos de viaje adónde el miedo no pueda encontrarnos. Báñate conmigo al son de las olas del mar, hasta que su espuma cubra nuestros cuerpos mojados por la sal. Canta conmigo canciones que sólo podamos entender tú y yo. Llamamé por teléfono una vez más, pero esta vez no cuelgues nunca. Dame la seguridad que nunca tengo. Mírame hasta que no pueda resistir abalanzarme hasta tus brazos. Tócame como tú sólo sabes. Cuenta mis lunares y haz de ellos tu número preferido. Regálame un perfume que haga volverte loco. Bailemos despacio nuestra canción encajados como las piezas de un puzzle. Quiéreme cada segundo. Acaríciame el pelo mientras me oyes llorar. Sepárate de mí despacio al ritmo del sonido de la nada. Quédate quieto mientras me marcho. Cuenta las mentiras que quieras para fingir que no te duele. Gritamé que nunca tuve razón. Retírame la mirada como si no tuviéramos algo especial. Haz caso a tu orgullo. Siéntete indiferente mientras me ves sufrir. Permite que todo se desintegre. Pídeme un falso perdón. Engáñame otra vez con tus palabras. Fíngete ofendido. Enfría lo que una vez fue caliente. Intenta calentar lo que siempre será frío. Acaba de una vez con eso que pudo ser. Vete. Vete ya.
25 ene 2011
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