No es complicado fijarse detenidamente en lo que son las
cosas en sí. Es más complicado traducirlas para ti mismo y buscarles el
significado que realmente quieren transmitirte y no el que quieres que
tengan. A mí siempre me sale al revés. Pero en cualquier caso, casi todo es
subjetivo. Y al igual que el más nimio de los detalles puede ser fruto de la
casualidad más banal, puedes esforzarte en algo con todo tu ser y que al final
no obtengas ningún resultado. Tampoco es ningún resultado. Más bien el contrario.
Cuando tu única tarea era marcar el destino con una cruz que dijese que contara
contigo, acabas consiguiendo sin ayuda la destrucción de aquello en lo que
empezaste a creer. Es una manera extraña de psicología inversa. Es la reina de
las proporciones inversas. Cuanto más deseas algo, más lejos se coloca.
Más obstáculos tienes que vencer para verlo, para sentirlo. A veces esos
obstáculos son montañas, océanos que atravesar. Con pruebas, con trampas en las
que puedes demostrar cuánto realmente ansías tu recompensa y cuánta capacidad
de esfuerzo tienes. Cuánta voluntad, cuánta perseverancia. Y eso es lo más
sencillo. El resultado final depende de ti. Única y exclusivamente. Y si
realmente lo quieres, podrás atravesar miles de montañas incluso si sólo llevas
unas chanclas en los pies. Pero otras veces, es todo lo contrario. Puedes
romperte la cabeza, el corazón. Dar de ti hasta lo que no tienes para que el
final de la historia dependa de aquello que jamás podrás cambiar. La
objetividad. Aquellas partes de ti que permanecen en todas circunstancias
porque de otra manera ni siquiera serías tú mismo. Esas que te atormentan desde
la última vez que parecías querer algo de verdad. Esas que reavivan tus
pesadillas y que siempre consideraste como el más pesado y negro de los
lastres. Y cuando te pasas media vida tratando de asumir que todas esas
gotitas forman tanta parte de ti como todo lo demás, descubres que no hay otra
vía para ver que por ello, no puedes conseguir aquello que quieres. Te
recuerdan. Te abren las heridas y lloras. No favorable. No favorable. No favorable. Siempre igual.
Siempre en silencio. El dolor sordo de una bala que ni siquiera sabes dónde te
ha dado. Y lo mejor es que la más alegre de las ignorancias cubre todo como un
velo transparente. Transparente tornándose translúcido. Para acabar de un opaco
mojado que gotea intenciones que por el momento sólo son susurros.Y que al final, acabe doliéndote el alma. Y reconozcas el
dolor como aletargado en ti. Pero no puedes pensar otra cosa que la culpa es tuya
y que todo, desde principio está mal hecho. Y no hay manera de retroceder. No
existe un camino por el que puedas escapar por la tangente, en la que puedas
dormirte y retroceder en el tiempo. Pero no hay manera. Una vez empezado, todo
se multiplica en progresión geométrica. Planes A, B y C cuyo final acaba siendo
el denominador común de todo lo que tratabas de evitar desde un principio. Pero
es lo que pasa por alimentarte de esperanzas que engañaban por su información
sobre lo desconocido. Por fantasear sin límites y volar hasta caerte. Hasta machacarte mentalmente y no conseguir que algo te
responda. El ser incapaz de buscar una solución mientras sientes y te prometes
que jamás volverá a pasar algo así. De verdad, de verdad que no. Y a pesar de
todo y de que una pequeña voz te esté diciendo que nunca digas nunca, sabes que
no estarás dispuesto a pasarlo de nuevo y que por una vez, si dices nunca, es
porque de verdad piensas que es un nunca jamás.
21 may 2012
18 abr 2012
Formas
Puede que alguien te haya dicho alguna vez lo bien que estás haciendo algo, lo bien que sabes sobrellevar una situación, cuanto menos, complicada. Es posible que hayan admirado la fuerza que demostrabas y puede que hasta se hayan sentido orgullosos de ti. Por cómo ves las cosas y por haber aprendido a objetivarlas. Y aunque tú estés escuchando atenta a todo lo que habla a tu alrededor, sigues pensando que, en realidad, no tienen tanta razón como te gustaría. Que igual que piensan lo fuerte que eres, piensas tú de tu debilidad. De tu dolor escondido entre millones de cosas felices. Del día a día que pasa sin que consigas sacar una sola conclusión sobre la que decidir. Bueno, si que tienes una conclusión. Pero es una conclusión que odias, que detestas y que sólo sabes pensarla sin atreverte a decirla en voz alta. Porque no es la que quieres y en el fondo de ti, sabes que ni siquiera es la que te mereces. Porque la vida no es tan justa como nos hacen creer, y a medida de que creces se da uno cuenta de que hay cosas que simplemente te joden hasta que sabes afrontarlas con valor. Y lo mejor es que conoces lo que debes hacer, sabes que deberías alejarte para no perseguir algo que no existe. Porque la inexistencia también hace daño. Pero no sabes salir. No entiendes el mecanismo de huida, y no reconoces la posibilidad de entender el bucle en el que estás metido sin que se vea lo que estás sintiendo. Y a veces no entiendes nada y sólo quieres acurrucarte en un lugar donde no haya nada. Ni conclusiones, ni decisiones erróneas. Ni vanas esperanzas, ni ninguna clase de conformismo superficial. Sin pensar en qué podría haber pasado si las cosas no hubiesen pasado de esa forma. Si alguno de los dos bandos hubiera estado dispuesto a ceder sus armas para compartir sus convicciones...
25 ene 2012
Ya está
A veces me siento sola. Otras, estoy deseando que todos me dejen en paz. Suelo contradecirme. Me gusta escuchar cosas desconocidas y aprender de ellas. Me gusta la playa. He visto amanecer tantas veces que no recuerdo la más especial de todas. He sido más cobarde que valiente en la mayor parte de mi corta vida, lo que no quiere decir que vaya a ser siempre así. Me gustan las noches de frío cuando tengo a alguien que me abrace. He contado las estrellas de cielos infinitos en lugares que ni siquiera me parecían geniales y he llorado por deseos que jamás se encontrarán a mi alcance. Podría pasarme la vida comiendo fresas. Con azúcar, con leche, con nata. He cantado hasta quedarme sin voz, más sola que acompañada y además he escuchado guitarras en manos de personas a las quiero con locura. Sólo recuerdo los sueños que son importantes. Me gusta dormir abrazada a mi almohada de siempre y me enfado si no puedo hacerlo. Soy caprichosa. No me gustan nada los pies, ni siquiera me parecen bonitos. He soñado con besarte varias veces y me he reprochado mi propia estupidez por no ser capaz de querer entender la realidad. Tengo la cualidad de observar aquello que me rodea y he aprendido a pensar dos veces antes de hablar. He querido desaparecer muchas veces de muchos sitios y he agradecido muchas más el haber estado en el momento y lugar oportunos en bastantes ocasiones de mi vida. Me he asustado al comprender el significado de la palabra imposible y me he conformado con aceptar las consecuencias de todo lo que me ha resultado improbable. He escuchado voces que me han estremecido y he sentido caricias que me han hecho derretirme. Soy bastante tonta. Procuro reírme a todas horas, incluso los días que estoy triste. Me he enamorado de más bolsos que de personas y de más días que de noches. Soy romántica hasta resultar empalagosa, aunque necesito mi espacio. He sido protagonista y testigo de situaciones que rompían el alma y he dado abrazos para sostener la peor de las desesperaciones. He bebido para olvidar y he logrado olvidar aquello que me hizo daño durante años. Adoro el fútbol más que cualquier otro deporte, aunque nadar siempre me relaja. Me encanta hacer regalos. Y me vuelvo loca envolviéndolos. En realidad, me vuelvo loca con cualquier cosa. Tengo muy mal genio, como mi madre. Aunque soy incapaz de estar enfadada con gente a la que quiero. Ando por el mundo en busca de la felicidad. Incluso he estado cerca de alcanzarla, pero aún me queda un poco, y mientras tanto, no sé. Vivo mi vida, y ya está.
21 ene 2012
¿Sabes qué?
La mente es un lugar complicado. A
veces, sin darnos cuenta notamos que ni
siquiera la entendemos; y otras, podemos
entenderla tan bien, que la guiamos para que ella sola nos indique los pasos
que tenemos que dar en la vida. Sea lo que sea, debemos tratar de entendernos,
analizarnos y ser objetivos con nosotros mismos para mostrar el resultado final
al mundo. Para que nos quieran o nos odien, para que nos admiren o nos ignoren,
o simplemente para que cuenten con nosotros. Pero no te abandones nunca. Ríete
de ti mismo, acepta tus defectos y aprovecha tus virtudes. Realiza tus sueños y
cumple tus propósitos y promesas. Sé
consciente de que siempre hay personas que están ahí para ti, para darte un
abrazo cuando lo necesites. Simplemente, exprésate. Escribe cada detalle que
coma tu curiosidad, todo aquello que te sorprenda; las experiencias más dulces
y las más difíciles. Grita cuándo eres feliz y renuévate cuando estés triste. Y
no te olvides de sonreír. Por dentro y por fuera. Quiero que derroches energía.
Entrégate y corre riesgos. Da para poder recibir y pide para que puedan darte.
Siente amor, alegría, besos, lágrimas, nostalgia, abrazos, recuerdos,
historias, confusiones, errores. Confianza. Pero ante todo sé libre y fiel a ti
mismo. Yo te quiero así.
10 ene 2012
Páginas
Es lo que yo te
digo. Cuando fijas un objetivo y eres, un segundo después de planteártelo, tan
tan tan consciente de que no lo vas a conseguir, que te asustas y te escondes
en lo peor que encuentras dentro de ti. Y no sólo tienes que esperar a que un
alma que no esperas te saque del letargo que te quema tanto que casi duele,
sino que además tienes que deshacer eso que tanto deseabas; destruirlo y por
defecto disimularlo. O mejor, joderte sin más. Joderte porque realmente ni
siquiera puedes hacer nada. La rabia que te recorre ante el pensamiento de que
todo será inútil, que no habrá nunca una cosa igual que dos piezas incompatibles,
improbables; no es nada comparado con abrir los ojos y ver algo imposible de verdad. Ya no es sólo la
agridulce sensación que te provoca el conocer todo aquello que es desconocido
para ti, sino la diferencia de polaridad que se siente, se oye, se toca y te
hace vibrar sin quererlo. Y a pesar de todo, te encuentras enganchada por un
hilo invisible que en otras ocasiones bastaba romper para despertar de la
locura. Pero esta vez no y me he dado cuenta de que ni siquiera merece la pena
gastarse. El destino, o como quiera que se llame, no lo ha querido así, no
existe el azar, y no queda más remedio que pasar página, que esta vez, se quedará
en blanco. Un blanco tan luminoso y vacío como tu cuerpo cuando no le queda otra
salida que asimilarlo todo y seguir adelante. Vivir y esperar.
19 dic 2011
(Im)posible
No sé si alguien sabe lo que es realmente tener el corazón
dividido. Ella lo tenía. En ese momento se sentía partida en dos mitades. Y
aunque aún se preguntaba cuál era la solución a su problema, era la primera vez
que no se sentía agobiada ante la desesperación de sentir constantemente cosas
tan contradictorias. Porque una de sus partes tiraba de ella hacia todo lo que
siempre había vivido. Hacia las ideas preconcebidas de su existencia, a las
costumbres que siempre había considerado como válidas sin pararse a pensar qué
clase de luz podrían arrojarle otras personas sobre ello. A la sencillez de
vivir sobre lo predecible de sí misma, y a dejar de mirarse desde tan cerca,
cuando de lejos siempre la había ido bien. Pero la otra parte se mantenía
firmemente entregada al conocimiento de lo desconocido. Al lento descubrimiento
de la dulzura de la más terrible de las inocencias que había descubierto en una
sola persona. De las preguntas sencillas que se basaban en complejos
pensamientos. De las canciones que nunca pensaba que la harían llorar. Y aunque
su cabeza supiera que no todo lo que se arriesga se gana, no podía aguantar.
Recaía constantemente en la energía de sus sonrisas y por qué no, del sonido de
su voz. Abandonaba irremediablemente cada gota de su orgullo para ceder ante el
presentimiento de cualquier excusa nueva y apenas sin estrenar. Pero esta vez
estaba siendo distinto. Se estaba controlando. Estaba luchando contra el
reflejo que más la había costado conseguir. Luchando contra la vulnerabilidad
de expresarle todo aquello que pasaba por su cabeza independientemente de las
consecuencias que pudiese causar. Sintiendo que los nervios podrían jugarla malas
pasadas pero mostrándose tal y como era. Quizá por primera vez en mucho tiempo.
Y una vez, había reaccionando de nuevo, posicionándose en guardia con el más
resistente de los escudos que acostumbraba usar. Había huido ante la rapidez de
la invasión de su alma sin poder resistir la presión de las lágrimas sobre sus
ojos. Pero estaba desarmada. Porque estaba ganándole la partida sin haber
acordado ni siquiera empezar el juego. Y lloró porque la contradicción bailaba
en ella a la vez que creía saber lo que iba a ocurrir. La unión de dos mundos
coexistentes pero incompatibles. Improbables, impensables pero con la
inherencia de que lo opuesto se atrae. Pero tan sólo deseaba una cosa para
seguir el camino que creía empezar a ver. Poder oír cuanto antes a alguien que
la dijese que absolutamente nada en este mundo es imposible.
27 nov 2011
Remolinos
No
era normal. Si visualizaba para atrás todos los acontecimientos que la habían
ocurrido últimamente seguramente se marearía del susto, del miedo. Por eso
evitaba hacerlo. Porque sabía que si alguna vez lo conseguía, se abrumaría su
alrededor y con la niebla no conseguiría ver nada. Tenía dentro el típico
torbellino que te hace no saber lo que estás sintiendo en ese momento, e
irremediablemente eso la hacía perder la cabeza y la poca concentración para
las cosas aburridas que tenía que hacer obligatoriamente. En aquellos últimos
días había estado con su parte humana más de normal. Había intentado
escucharse, había intentado oír lo que su corazón la gritaba desesperadamente,
a pesar de que incluso su cabeza ya decía exactamente lo mismo. Pero por miedo
a correr, por miedo a adelantarse en lo que ella sabía perfectamente que era
una carrera de fondo, había dejado aparcado aquel lado de sus sueños hasta que
algún rayo de sol volviese a mostrarle lo que significaba para ella la estrella
que había descubierto. El resto había sido terrible. Nunca se había imaginado
en una situación que tirase de su alma tanto como la que había tenido que
sufrir. Había visto muchas veces a gente llorar. A gente destrozada por decisiones
injustas e inexplicables que ocurren en el mundo. Incluso se había visto llorar
a ella misma por otros, pero nada como en aquel momento. Por primera vez en su
vida, había visto llorar a un hombre fuerte. A uno, a dos, a tres. Había visto
la desesperación en los ojos de todos aquellos que tenían la misma pregunta que
yo. Una pregunta que nadie podría responder jamás por mucho que no debamos
nunca decir nunca. Se había visto arrastrada por el amor humano, por las redes
que unen a las personas, por el dolor sobrenatural que puede suponer la
aniquilación de la más intensa de las corduras. Todos los ojos, todas las
lágrimas, toda la historia, todas las miradas, los sentimientos, los abrazos y
los pensamientos eran insuficientes para demostrar la calidad humana que se
respiraba entre las nubes que apenas lograban tapizar un ápice de la desesperada
y terrible tristeza que invadía aquel lugar. Sabía que el tiempo lo curaba
todo, aunque también sabía que nunca ha valido demasiado decirlo hasta que
puedes ver la cicatriz. Fue cuestión de horas, apenas dos días en los que había
vivido de lejos la desaparición de la más intensa de las inocencias,
retraída en sí misma mientras que algo en ella volvía a nacer. No estaba
contenta, no estaba feliz justo en aquel instante. No estaba triste del todo
pero si desolada ante todo lo que había visto. Realmente, su propio
ensimismamiento le era desconocido. Sólo estaba esperando. Tan paciente como le
era posible y tan preocupada como solía estar en su estado natural. Escuchando
aquello que tarde o temprano tendría que saber. Entendiéndolo todo sin asimilar
nada. Aprendiendo a sentir, aprendiendo a sorprenderse, a entusiasmarse, a
reírse y a entristecerse. En definitiva, aprendiendo a vivir.
21 nov 2011
Tan cerca
No tenía suerte. Era algo que había conseguido asimilar con el tiempo, algo que llevaba impregnado y grabado en la piel desde que día tras día, el tiempo la destrozaba continuamente sin ni siquiera dejarle espacio para reaccionar. Y tan cabezona como era consiguió vivir sin ella. Consiguió estar en el mundo sin esa suerte que de vez en cuando ayudaba a otros, sin contar nunca con que un pequeño rayito de sol la empujara hacia lo que más quería o deseara. Y se mantenía siempre alerta, en sobreaviso para no dejarse ganar, para no caerse una vez más ante el miedo que ya tanto conocía. Pero a veces, cuando por pura casualidad algo la sorprendía, algo la asaltaba y la maravillaba, se abandonaba sin resistir a descubrir aquéllo que visto por sus ojos y escuchado por sus oídos había conseguido desmoronar esa fuerte barrera que mantenía ante todo. Y en el camino de su propio descubrimiento, de su crecer hacia lo desconocido, de su decisión a arriesgarse, de pronto, el suelo empezaba a tambalearse, a romperse en grietas por las que ella no estaba acostumbrada a caminar. Y es que todo no era tan fácil como parecía. Justo cuando comenzaba a pensar en la posibilidad de que aquella vez fuese diferente, llegaba el día en que su no suerte la devolvía al mundo donde acostumbraba a vivir. Aquél dónde ella era la única dueña de sus sentimientos, dónde no merecía la pena prepararse para dar si sabías de antemano que no ibas a recibir nada. Y mientras esperaba ansiosa el simple movimiento de una complicidad escondida en lo más profundo de unos ojos casi desconocidos, su mente volvió de nuevo a la realidad. Despertó del sueño. Mientras contenía el bostezo en las comisuras de sus labios, entendió que por el momento, estaba resignada a no poder salir de donde estaba. Aguantando hasta que alguien la llevara la última pieza del puzzle que tenía en sí misma. A dar el primer paso que ella ya no daría. A llevarse su suerte allí donde los sueños ni siquiera son capaces de saber que la necesitan.
19 nov 2011
Ahora
De repente todo ha dado la vuelta. Estaba preocupada en abandonar esas ideas inútiles que a punto estaban de desaparecer, y ahora, han aparecido otras ideas nuevas. Limpias y recién cocinadas para que se me líe la cabeza un poco más. Y eso que esta vez es para mejor. Porque aunque las leyes de la naturaleza me tiren siempre hacia lo más difícil, lo más complicado, lo más doloroso, hay ocasiones en las que aparece todo lo contrario y esta vez, de forma inesperada me ha inundado el alma. Y no te lo crees hasta que no lo sientes. Y ese es el problema. Que aunque intento frenar lo irrefrenable, no lo estoy consiguiendo. Estoy asombrada. Encantada y asustada. Porque arriesgarse es algo complicado y aunque ni siquiera sé si tengo la posibilidad de hacerlo o no, sé que tengo que esperar. Despacio todo sale mejor. Y eso que en realidad, no sé nada pero quiero llevar razón por una vez. Antes tengo que cerrar otras historias de descosidos que tienen hilos sueltos por todos lados y que tengo enredados e incluso con algunos nudos. Tengo que pensar. En todas esas leyes teóricas que nunca se llevan a la práctica. En pesar en mi balanza todo lo que tengo y todo lo que soy, aunque realmente ya sé para qué lado se va a inclinar sin necesidad de hacer trampas. Ir despacio es mi objetivo. Porque yo ya no quiero líos que me duelan, no quiero miradas que me opriman, sino abrazos que me acaricien y besos que me empalaguen. Pero sobre todo sólo quiero una voz. Esa que cuando quiero escuchar, me basta únicamente con cerrar los ojos.
8 nov 2011
Tengo ganas de gritar
Que estoy harta. Que no puedo más. Que es insoportable comprobar lo pequeñas que son las cosas cuando nadie las ve salvo tú. Que estoy hasta el último pelo de mi cabeza de aguantar que el mundo hable hable y hable y yo sólo pueda escuchar. Porque aunque me callo, exploto y podría decir mucho más de lo que nadie espera. Todo lo que entiendo y todo lo que no entiendo. Todo lo que he visto, escuchado y sentido de alguien que en realidad no está. Porque la dedicación real consiste en otra cosa a lo que hacemos cada uno desde dentro. A lo que parece verdad, pero no lo es. A lo ambiguo, a lo que no esta claro. Turbio, que no tibio. Tapado, escondido, oscuro todo lo que se puede. Y luego tú te ríes. Y yo me pregunto qué coño estoy haciendo perdiendo el tiempo así. Me canso, me agoto, me consumo entera en tratar de entender. Con lo fácil que es decir las cosas tal y como uno las siente. Sin dudas, sin misterios, sin juegos. Sin premeditaciones falsas que se quedan flotando en el aire. Reacciones improvistas que te dejan como tonta y pensando cómo es posible que caigas una y otra vez en la misma piedra cuando tú misma te habías encargado de moverla a patadas de su sitio. Pero sigue ahí. Un día, dos, tres. Y se sorprende de que te canses y tú, al límite de tu paciencia, respiras hondo y piensas en frío. Tomas decisiones. Abandono. Renuncio. Me rindo. Que sea lo que todo el mundo dice que tiene que ser y no lo que yo pienso que era. Que sí, que tenéis razón. Que no vale para nada. Que he perdido. Que hagas lo que quieras. Que te he perdido antes, ni siquiera, de saber si poco a poco, hubiera podido conseguirte.
6 nov 2011
Música
Nunca sabes cuando vas a conocer a alguien que trastoque todos tus planes. Que cambie tu forma de mirar las cosas. Quizá estaba ahí desde hace tiempo, pero tú, ciega de todo aquello que traspasara la barrera de lo más superficial, ni siquiera eras consciente de todo lo que podría enseñarte a ver. Llegar al punto de hacerte replantearte cosas que por nada del mundo pensaste que podrían ser replanteadas. Cuando su voz retumbó en las paredes grises de los alrededores, el corazón se me encogió un poco, recordando aquellos tiempos en que la música también estaba dentro de mí. Y todas las canciones que alguna vez había tocado volvieron a sonar en mi cabeza, sonriendo para adentro por aquellos años en los que me encantaba ser objeto conductor de las notas, sonidos y acordes que de vez en cuando regalaba al mundo. Y por una vez en mucho mucho tiempo sentí en mis manos la necesidad de tocar la madera de aquel viejo instrumento que estaba guardado en algún armario de mi casa. De volver a sentir las cuerdas bajo mis dedos y poder limpiar la resina que se había quedado pegada en ellas con el paso del tiempo. Destrozar a arañazos la terrible desazón que un día de hace muchos años rompió sin piedad el frágil hilo de cristal que mantenía mi musicalidad en la superficie y que sin más remedio fue ahogada por mis propias lágrimas que tardaron más tiempo en secarse del que habría podido imaginar. Sin embargo, todas aquellas razones que me destruyeron y por las que nunca volví a sentir de cerca todo lo que había aprendido, todo aquello que me hizo pensar que jamás volvería a ser capaz de sentir la música sin recordar todos aquellos sentimientos encontrados, desaparecieron en el momento en que fui capaz de silenciarme entera para escuchar lo que estaba cantando. Y tardé en darme cuenta de que la misma música que hacía años había destrozado todo lo que era yo para mí, era la misma que me había devuelto el instinto necesario de volver a revivir cada canción que con cariño había guardado en mi carpeta verde, esa que nunca había sido capaz de tirar. Y ahora estoy renovada. Su música me hizo vibrar, me despertó para estar preparada y cuando llegue el momento lo sabré. Sabré que puedo aprender de nuevo, que puedo volver a empezar a vivir lo que de alguna manera, ya había vivido antes. Y tendré que darle las gracias. Darle las gracias por hacerme sentir, por creer en la música, por haberme devuelto a un mundo al que inconscientemente siempre había echado de menos.
5 nov 2011
Noviembre
Hace frío. Las hojas amarillas, naranjas, marrones, granates de los árboles se vuelven locas por culpa del viento que llega cantando la misma canción del año pasado. Podría tararearla con los ojos cerrados ahora que no la escucho desde aquí. La ventana está cerrada y veo a los pájaros volar en el cielo blanco de algodón sin estrenar. Casi igual que el otoño. Puedo tocarlo desde aquí, puedo sentir cómo pesa el cielo de noviembre. Antes me gustaba. Ahora no. Odio noviembre porque me cuesta sobrevivir a él. Odio noviembre porque me recuerda lo que nunca quiero recordar y siempre recuerdo. Odio noviembre porque a pesar de todas las cosas maravillosas que tiene, ninguna es capaz de eclipsar de mi mente los recuerdos. Y poco a poco me voy acercando sin remedio. Al final de este este segundo, de este minuto, de esta hora, de hoy, de mañana. Al final de todo. Para que siempre venga otro noviembre de vuestros recuerdos. Tengo los ojos cerrados y las manos en el cristal inundado del vaho de mi boca. He hecho un corazón. Creo que va a empezar a llover. Pero no es el tiempo, no es el frío. Es este mes. Soy yo.
25 oct 2011
No sé nada
No sé si me gusta lo que pasa. Mientras pienso que
he perdido el norte, siento que hay algo que sí puedo cambiar. No es cuestión
de pensar más, lo sé, pero también sé que en realidad no sé qué me pasa. Se
acercan momentos que, de nuevo, no sé cómo vivir. No me gustan estos
aniversarios y es inevitable, me pongo en estado de no sentir, de no saber, de
no oír. Y eso está fatal. Porque luego cuando quiero darme cuenta de lo que
está pasado, no sólo he perdido el norte, sino que me he quedado sin brújula en
un mundo que está a oscuras, sin nadie a quién confiar que aún no he encontrado
el sitio dónde poder hablar en alto sin tener miedo. Gritar lo que sé que no soy y lo qué aún no sé
si puedo ser sin ti.
16 oct 2011
Saber
Necesito saber que estabas ahí cuando me fui sin despedirme. Ahí para mí, sin merecer siquiera ni una lágrima de las que no lloraste. Y si no dije adiós fue porque mis ojos reflejaban las últimas palabras que dijiste. Las que más daño me hicieron. Mi corazón seguía latiendo el orgullo que tenía guardado para las ocasiones especiales y lo gasté todo. Mas bien lo malgasté. Porque aunque la música de tus besos seguía resonando en mis oídos, los dos sabemos que nunca mereció la pena.
4 oct 2011
23 sept 2011
Otoño
Todos los años es igual. Después de un largo tiempo, un espacio sólo para ti y un verano entero, asimilas casi por sorpresa todo aquello que no comprendiste durante los meses anteriores. Sin ver, sin oír, sin atender al susurro de lo que jamás quisiste entender, abandonas la razón a la prisa del viento y se va. Sólo queda la emoción de quedarte sin memoria y vivir lo que cuando es, es. La realidad. Que sola en ti acierta a darte donde duele y sin tiempo de reacción para combates, sueñas con aquello que será mejor. Luego vuelves. Continuas el camino que empezaste y si bien aún tienes algo de realidad en ti, no sirve de nada. Porque se esfuma. Gota a gota evaporándose ante los secretos del fin de las esencias puras. Apenas semanas de luz que se gradúa con las horas en contacto con tu propio hacer. Y haces queriendo no parecer y pareces queriendo no hacer, pero como siempre, todo sale al contrario. Y cuando piensas que el control empieza a concentrarse en tu cabeza aparece ese rayo oscuro que no te deja oír por un momento. Pero los demás sentidos lo sienten, lo tocan, lo huelen, lo ven, lo saborean a la velocidad de la luz mientras millones de pequeños artefactos explotan a tu alrededor. Porque la sensibilidad global explotó con acciones separadas que independientes crearon la confusión allá dónde fueran. Y no entiendes nada. Ni querrás entender. Porque la agonía se hizo con sus días, temiendo cada segundo de su movimiento. Y cuando sólo quedaba pensar, pensó que no había nada más que hacer que esperar de nuevo. Dar la bienvenida al otoño azul que esperaba ante su puerta y acceder por cortesía a los meses que pasarían antes de que todo volviese a empezar. Un otoño al que esta vez, y muy a su pesar, no podía prometer nada.
20 sept 2011
Volar
Sonó la guitarra al entrar;
la verdad que se ha vuelto a acabar
sin mirar desde lejos el mar.
Azul y verde el reflejo
de tus pasos que despertarán
el calor de lo nuestro al pasar.
Alquilando matices de un beso
que de nuevo esperando estará.
Y bailándole al sol al compás
de la música que nos juntará.
Estrellas que sutiles vivirán
hasta que muertas brillantes
no tendrán más remedio que volar.
15 sept 2011
Mundo
Suelen decir que no sabes en realidad quién eres hasta que encuentras tu lugar en el mundo. Pero el mundo es tan grande, que la abrumadora y cálida sensación de tener que buscar un tiempo y un espacio en el que encajes parece rematadamente imposible. En cambio, no lo es. No es imposible tener la maravillosa sensación de que hoy iba a ser un gran día. Y lo es. No es imposible andar por la calle y dejar, por una vez, que el viento te despeine cuando se apaga la música, porque eso, es lo de menos. Y caminar sin un rumbo definido hasta llegar al punto donde oyes las voces de quienes comparten su vida contigo. Es su tiempo. Sus dudas. Sus risas. Y aunque no hayas escuchado aún sus lágrimas caerse pesarosas sobre sus mejillas, sabes que, con ellos, es lo único que falta. Y entonces te llega. Cuando sentada oyes alrededor sus voces y te deja tonta la vibración sonora desigual de su presencia en ti. De que inevitablemente los necesitas. De que quieres tenerlos cerca, contigo, ahí justo donde están. A tu lado. Donde todos dan un dulce sentido al horror de madrugar por las mañanas y a desaparecer loca de fiesta en una noche tan larga e incluso tan oscura como el infinito. Pero merece la pena. Porque aunque no lo hayas buscado ni dentro de los cajones ni debajo de tu almohada, te surge la idea en lo más espontáneo de tu cabeza. Esas pequeñas palabras rosas que creíste no encontrar nunca. Ese sueño blanco sin estrenar que pensaste que no te pondrías nunca. Ese primer deseo pedido en la última tarta de tu cumpleaños. Esa gigantesca pompa de jabón que no pudiste explotar y que se perdió en el cielo. Ese regalo sin abrir tan difícil de encontrar y que encontraste por sorpresa en tu camino.Y no es más que lo que ellos, sin querer, queriendo, te han dado y que esperarás devolverles con millones de toneladas de abrazos, de esos que ahogan. Y sólo era una tontería, un lugar en el mundo.
2 sept 2011
Loca
No digas que no. No hay nada como la débil tentación de sus labios. Como la suave textura de sus manos. O el olor de su colonia. No digas que no. No existe nada comparado con sus besos. Con su sonrisa, con sus ojos. No digas que no.Que te vuelve loca, que tienes ganas de verle, que te mueres por su piel. No digas que no, di que sí.
Sí, he perdido la cabeza.
Sí, no puedo vivir sin él.
Sí, lo he entendido.
No diré que no.
Sí, he perdido la cabeza.
Sí, no puedo vivir sin él.
Sí, lo he entendido.
No diré que no.
1 sept 2011
Lluvias
A veces es muy muy fácil no pensar. Pero a la larga, es peor. Qué digo peor, es horrible. Porque todo aquello que no quisiste pensar antes, se acumula. Y la nube se va haciendo grande, grande y más grande. Y así pasa, que al final, llueve. Y no de cualquier manera. Llueve calándote los huesos hasta transpasarlos. Llueve mojándote el pelo, las manos, las sandalias. Llueve hasta que se hacen charcos inmensos a tu alrededor. Llueve y todo el maquillaje se corre a pesar de que en la etiqueta pone watterproof. Llueve y duele. Llueve y escuece. Llueve y quema. Y no sólo porque tienes que pensar qué cojones es lo que está pasando sino porque no entiendes nada. Y allí donde antes había una nube, ahora sale el sol y entonces te preguntas para qué. Por qué sale el sol. Por qué ahora. Por qué a mi. Y te conformas con saber que al menos el sol no te dolerá. Y te acostumbras. Te pones las gafas de sol y caminas. Caminas porque no puedes volar. Y te vas lejos. Lejos del mundo que no entiendes, que no te deja no pensar. Y acabas corriendo. Rápido, todo lo que puedes. Sin haber aprendido nada. Preocupándote de nada concreto, salvo en la nube que tarde o temprano tendrá que volver a descargar.
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