10 abr. 2013

Siguiendo

Quizá con la primavera cambie todo. Quizá lo que yo quiero que cambie o quizá lo que ya me parece que está bien. Todo son incógnitas y preguntas. Y lo odio, como siempre. Cada vez que voy en el tren voy buscando con los ojos pero aún no he visto ninguna amapola. Creo que aún es demasiado pronto. Nunca es bueno adelantarse pero a veces es inevitable. Porque si bajas las defensas, de repente ¡pam! cuando menos te lo esperas, batacazo. Directa al suelo. Y así no. No es la mejor forma, y soy consciente de ello, pero bien sé que es efectiva. Estar alerta, reaccionar ante todo sin mostrar nada. Incluso aunque parezcas una idiota sin sentido superficial y cabezota. Es mejor. Porque todo duele menos. Es fácil sonreír cuando quieren verte alegre. No es complicado. Qué más da que sea verdad o no. Si se te ve así, todos van a creerlo. Se ahorrarán explicaciones que ni tú entiendes y no se perderá el tiempo. Ni el tuyo, ni el mío. No tiene sentido compartir tus problemas si no tienen solución o si no la encuentras. Y además, no sirve de nada. No sirve que quieras saber cómo estoy si luego no cuentas conmigo. Porque como todo el mundo dice, las palabras se las lleva el viento. Y puede que peque de lo mismo. Seguro que sí. Pero es porque ya estoy cansada. Harta de buscar que es lo que falla, cual es el gran error. Porque si no lo sé, no puedo solucionarlo y si no lo soluciono, nada va a cambiar. Por millones y millones de primaveras que pasen.