6 oct. 2010

Cenicienta.

Era de noche. Las calles resplandecían a la luz de la luna y los últimos bares abiertos parecían recoger mientras que el reloj de la mesilla marcaba casi las tres de la mañana. Me quite las sábanas de encima, me levanté y me miré en el espejo. Mis ojos reflejaban el cansancio de una noche en la que no había podido dormir, una más, y sin embargo, el muñeco de mi pijama sonreía; al menos él estaba contento, me dije. Me di la vuelta y me acerque a la ventana, acerqué mi mano al pomo y la abrí. Hacía frío. El aire penetró en la habitación con fuerza, con aplomo, como si hubiera estado esperando a que yo le liberase para poder entrar donde yo estaba. La piel se me encogió bajo el pijama y algunos mechones de mi pelo se soltaron, liberándose sobre mi frente de la que, sin embargo, caían algunas gotas de sudor. Cerré la ventana mientras cogía el mp3 con mi mano izquierda. Leí con atención el título de la última canción que había sonado y me sorprendí recordando rápidamente la melodía y la letra. No era una canción de ahora, sino una de una banda sonora de una peli famosa con final feliz, sí, de esos que definitivamente han quedado para alimentar las mentes ingeniosas de aquellas que tienen la esperanza de que el príncipe azul llame a su puerta con intención de probarte un zapato de cristal que te quepa en el pie sin un ápice de resistencia. Son las tres y algo de la mañana, me dije, no esperarás que tu príncipe azul llame ahora. Y una triste y vaga sonrisa no pudo reprimir el intento de asomar en mis labios.

♫♫ Perdida en un cuento real. CHENOA

5 oct. 2010

Pintando.

Cojo la carpeta con satisfacción y me digo; madre mía, sí que lo echaba de menos. El olor, el ambiente, la tranquilidad, el arte, las ganas y las miles y miles de láminas para elegir. Casi todas despiertan en mí la avidez de coger rápidamente el lápiz y lanzarme al lienzo blanco y profundo para comenzar, primero con los trazos débiles y más importantes para acabar dándole sombras y atendiendo a cada detalle para que cualquiera que lo mire, viaje a través de dibujo, llegando lejos, mucho más lejos de lo que esa simple lámina podía ofrecer a simple vista. Un año de desentreno casi total dónde no podía sino desear con todas mis fuerzas volver a sentir lo que significa la pintura para mí. El poder desconectar de todo el mundo. Sólo espero poder pintar y pintar sin que nada ni nadie me ponga nunca límites ni fronteras. Es libertad.





Realista y surrealista
con luz de impresionista
y trazo impresionante
delirio colorista
colirio y oculista
de ojos delirantes...
MECANO.

4 oct. 2010

Adiós.

Algo nuevo está pasando ahora. Y aunque quizá no lo parezca yo lo quería así desde hace tiempo, cuando mi mente declaró que ya estaba saturada de una y otra vez situaciones tan tan parecidas que casi no era capaz de distinguirlas unas de otras. Recuerdos que no tenían vía de escape, sentimientos que se contradecían cada segundo o maneras de ser y actuar que yo no podía aguantar más, por mucho que intentara comprender que era imposible. Me solía decir que cuanto más se conoce algo, más a gusto se siente uno con ello pero no, el resultado final fue que sentía como cada día se hacía más pesado y cómo deseaba sentirme libre, fuera de tanta gente conocida que, de alguna manera no me permitían permitirme el derecho a cambiar y arreglar mis errores, esos tan garrafales que hacían que yo no fuera yo. Porque en realidad no era yo. Se había creado un prototipo de mi misma que todos se creían. Pero yo no caí en el engaño. Y a punto estuve de sucumbir a la tentación de creer lo que los demás creían de mí. Suerte que pude esperar y en realidad casi lo he conseguido. El cambio. Dejé atrás tanto como quería y tan rápido como quizá ni siquiera fui capaz de pensar alguna vez. Hay algo que se acabó, que se ha acabado y que naturalmente da paso al nacimiento de algo nuevo y ahora ya no tan desconocido como me acostumbré a pensar. Y es que es posible que pueda decir que ya soy yo. La oportunidad de mostrarme transparente y la ocasión de dar lo mejor de mí a quién este dispuesto a aceptarlo. Conocer a gente nueva con la que reírme, con la que apreciar esas cosas que parecen no tener importancia pero que en realidad si la tienen. Y aunque a veces mi corazón se lanza al pasado pinchándome para recordar los pocos buenos momentos que pude arrastrar conmigo, no tienen tanta fuerza como los que sé que viviré ahora. Porque esto es lo que quería y ahora, ya lo tengo.




" Y es que empiezo a sospechar que los demás son sólo para olvidar." LODVG.

3 oct. 2010

Como agua para chocolate.

"... Todos nacemos con una caja de fósforos dentro, pero que no podemos encender solos... necesitamos la ayuda de oxígeno y una vela. En este caso el oxígeno, por ejemplo, vendría del aliento de la persona que amamos; la vela podría ser cualquier tipo de comida, música, caricia, palabra o sonido que engendre la explosión que encenderá uno de los fósforos. Por un momento, nos deslumbra una emoción intensa. Una tibieza placentera crece dentro de nosotros, desvaneciéndose a medida que pasa el tiempo, hasta que llega una nueva explosión a revivirla. Cada persona tiene que descubrir qué disparará esas explosiones para poder vivir, puesto que la combustión que ocurre cuando uno de los fósforos se enciende es lo que nutre al alma. Ese fuego, en resumen, es su alimento. Si uno no averigua a tiempo qué cosa inicia esas explosiones, la caja de fósforos se humedece y ni uno solo de los fósforos se encenderá nunca..."
Laura Esquivel.