8 abr. 2014

Storm

Una tormenta que aguardaba silenciosa hasta que decidió descargar. En un momento seguro impreciso, inoportuno y casi incoherente. Nunca se necesita una tormenta. No a placer. O sólo cuando ya está todo tan oscuro y negro que es la única solución para empezar de nuevo. Para renacer en otro sitio, a otra hora, con otros pensamientos. A veces incluso con otras personas. Pero nunca se sabe qué hay detrás de una tormenta. Puedes estar arriesgándote a un cambio inesperado que te deje k.o. Pueden invertirse los papeles y, de repente, tener sólo preguntas sin respuesta. O puede mojarse sólo tu ropa y resultar todo lo demás inamovible. Nunca se sabe. En cualquier caso, las tormentas vienen y van porque todo es cíclico. Y el agua, al fin y al cabo, volverá a su cauce.


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