12 feb. 2011

Dormida


Oí aquel frágil sonido tres veces antes de decidir levantarme. Era tan suave que apenas podía percibirlo conteniendo la respiración, pero volvió a repetirse por cuarta vez. Un leve susurro que parecía provenir de la nada. Entorné los ojos como si realmente pudieran verse los sonidos y  me levante despacio. Bebí un poco de agua de una botella que solía tener a los pies de la cama mientras miraba el reloj amarillo que descansaba sobre la pared de enfrente, sin darme cuenta de que llevaba sin pilas más de una semana. Salí de la habitación descalza. La madera nueva no estaba fría pero crujía bajo mis pies a medida que avanzaba a ciegas por el pasillo. Tanteé la pared hasta dar con el interruptor y enseguida la luz bañó la instancia. Sin pensármelo bajé las escaleras despacio, sintiendo cómo el frío mármol se calentaba a mi paso. Escuché de nuevo el susurro mientras me deslizaba por el pasillo de abajo. Y allí estaba la responsable de mi insomnio. La puerta que daba paso al patio trasero lucía de par en par, rugiendo una luna llena en su centro más perfecto, a través de la cual el fino aire de la sierra entraba sin aspavientos, rompiendo el silencio que se mantenía aquella noche de finales de Febrero. Me asomé bajo el hechizo de aquella luz lunar y salí al patio. El frío me helaba los pies mientras me acercaba a la piscina, que cubierta de una leve escarcha azul gritaba sin piedad ser destruida. Metí la mano derecha en el agua procurando no mojarme el pijama y cuando la saqué, me agaché inconsciente y escribí con las gotas de agua aquella frase que tanto rondaba mi cabeza últimamente. El primero que se enamore, pierde. Y me quedé pensando en cuánto había ignorado aquellas simples palabras y qué rápido se habían puesto en mi contra. Miré cómo las letras desaparecían lentamente ante el aire helado. Apenas esperé unos segundos y me levanté de nuevo. Caminé hacía la puerta, la cerré con llave y me dispuse a deshacer el camino de vuelta a mi habitación. Necesitaba descansar. Y rendida e inútilmente enamorada, caí dormida en menos que las últimas letras se borraban del suelo de mi patio trasero.



2 comentarios:

Francisco Javier dijo...

Que bonito, llega un momento en el que no sabe que va encontrar que parece de miedo.

Anónimo dijo...

la imagen de dónde es? puede colocar la información, gracias