2 feb. 2011

Lágrimas

No me importaba cuantas pequeñas lágrimas cayeran por sus ojos negros, que brillantes, apenas se atrevían a mirarme. Y aunque tenía la certeza de que esa vez no me estaba mintiendo, no pude hacer otra cosa que darme la vuelta e irme antes de que miles de esas lágrimas inundaran los míos de vidas pasadas. Porque aquella vez, aquella noche de hace tanto tiempo, cuando era yo la que lloraba, él  hizo lo mismo. Limitarse a no hablar; mirar y enmudecer en el silencio más profundo. Siempre en silencio porque nadie podía saber. Pero ya no me importa. Porque al final el tiempo lo cura todo y aunque ahora estas cosas no son más que vagos recuerdos en mi mente, que aprendió a olvidar, todo el mundo sabe que las lágrimas no son otra cosa que agua. Y el agua, más tarde o más temprano, se acaba secando.