14 mar. 2011

Días de agua



Cuando he bajado del autobús, la lluvia caía pesada sobre mi cabeza. Siempre había odiado que el agua me mojara el pelo. Y mientras buscaba la forma de maldecir al tiempo, me he acordado de ti. De cada uno de tus gestos cuando aquel día cruzamos corriendo el espacio que nos separaba del resto del mundo. ¿Te acuerdas? Estábamos empapados. No sólo del agua, que chorreaba por toda nuestra ropa, sino de tanto amor que ni siquiera recuerdo por qué en esa ocasión permití que mi pelo se mojara. En aquellos tiempos, era menos vulnerable. Lo que en ocasiones normales podía hacer que mi mundo se cayera, no era más que otra excusa barata para estar de nuevo entre tus brazos por aquel entonces. Porque todo es mucho mejor cuando tienes a alguien que pueda vivir contigo cada detalle que pasa por tus ojos, cada olor o cada tacto que sienten tus dedos. Y es que hoy, que llueve a mares, me acuerdo de cuando me dijiste que te gustaba ese olor a tierra mojada de los días lluviosos de otoño. Entonces he llegado a casa y en vez de entrar dentro, me he quedado fuera unos minutos. He dejado que el agua me calase, he permitido que dada gota que se filtraba por mi rostro llegara hasta el fondo de mi corazón. Y te he sentido cerca. Tan cerca que me he dado cuenta de que ya no te tengo. Entonces, he entrado a casa. Y de nuevo sola, me he obligado a recordar que no merecía la pena que el agua me mojara, porque, al fin y al cabo, dentro no había nadie dispuesto a secar cada una de las gotas de mi cuerpo mientras le contaba lo mucho que odiaba que la lluvia me mojara el pelo.

1 comentario:

Francisco Javier dijo...

Que bonito, a mi me gusta el olor a mojado, en el ambiente y el de la propia tierra.