23 feb. 2011

Comienzos

Sólo aquella vez dudó de lo que su mente la decía. Y después de muchos esfuerzos, consiguió no hacerla caso. Escucho entonces a su corazón y apenas oyó pequeños golpes. Se concentró cerrando los ojos. Necesitaba saber qué tenía que hacer. Sobre qué tenía que dejarse llevar. No tendría que resultarle difícil, hacía tiempo solía escuchar sólo al corazón. Espero un poco más y empezó a sentir con más fuerza sus latidos, aletargados simbólicamente por el paso de los años. Interpretarlos fue fácil. Al fin y al cabo no podía engañarse. Aquel muchacho la había enganchado por completo con apenas un par de miradas y un único comentario que ni siquiera lograba recordar con exactitud. Lo que sí recordaba era su sonrisa. Tan alegre, sincera. Había despertado en ella algo que sólo recordaba vagamente. Podrían ser las ganas de continuar, de descubrir a fondo sus ojos marrones o de adivinar a cuántos centímetros quedarían sus caras la próxima vez que se vieran. Era increíble. Definitivamente, estaba ocurriendo de nuevo. Comenzaba otra vez la historia de siempre. Y los principios casi siempre son buenos, o al menos, memorables para recordarlos durante mucho mucho tiempo. 


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