24 feb. 2011

Sin sol



No es difícil que en un día bueno, en el que el sol simplemente ha corroborado tu sonrisa, aparezca algo que lo destruya por completo. Que lo aniquile. Que lo hunda en el infierno más profundo y que te haga llorar todas las  lágrimas de rabia que con tanto esfuerzo habías logrado contener durante semanas. Realmente avanzaba gracias a la confianza que depositaban en ella, pero si ésta se acababa, sentía que no había razón para seguir, aunque la realidad no era así. Tendría que seguir sola. Sin nadie. Como muchas veces había intentado. Lo haría por cuidarse a sí misma. Únicamente por ella. Y tenía que ser muy fuerte. Porque aunque generalmente aparentaba tenerlo todo bajo control no era más que un mecanismo de defensa para ocultar su miedo. Sus flaquezas. Su debilidad. Sentir de esa forma era un arma de doble filo, pero estaba aprendiendo a no dejarse llevar por las emociones, conllevara lo que conllevara. Pero esta vez sería la definitiva. Estaba segura. Y entonces podría demostrar de una vez por todas de lo que era capaz. Capaz de sobrevivir en las adversidades que habían tirado de ella hasta el fondo de lo que nadie parecía entender nunca. Y lo haría sola. Por muchas lágrimas que tuvieran que caer por sus mejillas.

1 comentario:

Francisco Javier dijo...

Yo también odio esos días, pero gracias ellos sabemos disfrutar de los que son de reves, es decir, un día malo por todos lados pero que al final descubres algo por lo que seguir adelante. SIGUE ASI