6 nov. 2011

Música

Nunca sabes cuando vas a conocer a alguien que trastoque todos tus planes. Que cambie tu forma de mirar las cosas. Quizá estaba ahí desde hace tiempo, pero tú, ciega de todo aquello que traspasara la barrera de lo más superficial, ni siquiera eras consciente de todo lo que podría enseñarte a ver. Llegar al punto de hacerte replantearte cosas que por nada del mundo pensaste que podrían ser replanteadas. Cuando su voz retumbó en las paredes grises de los alrededores, el corazón se me encogió un poco, recordando aquellos tiempos en que la música también estaba dentro de mí. Y todas las canciones que alguna vez había tocado volvieron a sonar en mi cabeza, sonriendo para adentro por aquellos años en los que me encantaba ser objeto conductor de las notas, sonidos y acordes que de vez en cuando regalaba al mundo. Y por una vez en mucho mucho tiempo sentí en mis manos la necesidad de tocar la madera de aquel viejo instrumento que estaba guardado en algún armario de mi casa. De volver a sentir las cuerdas bajo mis dedos y poder limpiar la resina que se había quedado pegada en ellas con el paso del tiempo. Destrozar a arañazos la terrible desazón que un día de hace muchos años rompió sin piedad el frágil hilo de cristal que mantenía mi musicalidad en la superficie y que sin más remedio fue ahogada por mis propias lágrimas que tardaron más tiempo en secarse del que habría podido imaginar. Sin embargo, todas aquellas razones que me destruyeron y por las que nunca volví a sentir de cerca todo lo que había aprendido, todo aquello que me hizo pensar que jamás volvería a ser capaz de sentir la música sin recordar todos aquellos sentimientos encontrados, desaparecieron en el momento en que fui capaz de silenciarme entera para escuchar lo que estaba cantando. Y tardé en darme cuenta de que la misma música que hacía años había destrozado todo lo que era yo para mí, era la misma que me había devuelto el instinto necesario de volver a revivir cada canción que con cariño había guardado en mi carpeta verde, esa que nunca había sido capaz de tirar. Y ahora estoy renovada. Su música me hizo vibrar, me despertó para estar preparada y cuando llegue el momento lo sabré. Sabré que puedo aprender de nuevo, que puedo volver a empezar a vivir lo que de alguna manera, ya había vivido antes. Y tendré que darle las gracias. Darle las gracias por hacerme sentir, por creer en la música, por haberme devuelto a un mundo al que inconscientemente siempre había echado de menos.


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